+Lento desvío

⊆ 31.1.08 by UnaPuliMásDelMundo | ˜ 2 los cortaron »

Carezco de conocimientos sobre aquel inmune ser humano. Pero aún así añoro saber todo. Tan delicado ser. Me deslizo a tocar en su interior. Una persona que sobrepasa mis virtudes. Temo perder contacto con él. Me apronto a deslizar sutilmente mis manos en su delicado rostro. Tan suave. Creo que siento atracción por un ser tan único, y tan vulnerable a la vez, a mis encantos de mujer. En un síntoma de atracción, dejo llevar mis pensamientos a decir "Tonto, has caído a mis pies", pero luego me detengo, y logro darme cuenta de que lo hizo a propósito. Pero me gusta, me gusta que haya pensado antes de actuar. Ingenuo pero inteligente. Rara mezcla de dulzura.

"¿Me esperarás?", no lo dudas ni un segundo, y me contestas en un abismo de placer "Si".
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+Día

⊆ 19.1.08 by UnaPuliMásDelMundo | ˜ 2 los cortaron »

Despierto asustada por un sueño que no logro recordar. Miro cada rincón de mi habitación, todo normal, como debería estar, solo que, en uno de ellos, veo mi paraguas mojado, ¿por qué?, no debería estarlo, estamos en pleno verano, y yo no lo he tomado.
Siento un extraño ruido, "proviene de afuera", miro por la ventana, y veo un cielo bañado en un gris bello, y sus nuves expulsando lágrimas. "Está lloviendo!", abro la ventana, y asomo mi mano, y noto la realidad de lo que estaba viendo, gotas de lluvia en mis manos. Magnífico !.
Me apronto a duchar, me pongo ropa, y salgo a caminar. Que rico es caminar bajo la lluvia, no notas a casi nadie en las calles, porque la gente teme mojarse, ¿por qué lo teme ?, ¿si no es lluvia de azufre ?, ¿por qué lo teme?, si la ropa se puede secar, un resfriado, mm, se pasará, es cosa de disfrutar tan agradable y delicioso momento.
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+Pasión desenfrenada

⊆ 18.1.08 by UnaPuliMásDelMundo | ˜ 0 los cortaron »

Te quitabas la faja de la cintura, te arrancabas las sandalias, tirabas a un rincón tu amplia falda, de algodón, me parece, y te soltabas el nudo que te retenía el pelo en una cola. Tenías la piel erizada y te reías. Estábamos tan próximos que no podíamos vernos, ambos absortos en ese rito urgente, envueltos en el calor y el olor que hacíamos juntos. Me abría paso por tus caminos, mis manos en tu cintura encabritada y las tuyas impacientes. Te deslizabas, me recorrías, me trepabas, me envolvías con tus piernas invencibles, me decías mil veces ven con los labios sobre los míos. En el instante final teníamos un atisbo de completa soledad, cada uno perdido en su quemante abismo, pero pronto resucitábamos desde el otro lado del fuego para descubrirnos abrazados en el desorden de los almohadones, bajo el mosquitero blanco. Yo te apartaba el cabello para mirarte a los ojos. A veces te sentabas a mi lado, con las piernas recogidas y tu chal de seda sobre un hombro, en el silencio de la noche que apenas comenzaba. Así te recuerdo, en calma.

Tú piensas en palabras, para ti el lenguaje es un hilo inagotable que tejes como si la vida se hiciera al contarla. Yo pienso en imágenes congeladas en una fotografía. sin embargo, ésta no está impresa en una placa, parece dibujada a plumilla, es un recuerdo minucioso y perfecto, de volúmenes suaves y colores cálidos, renacentista, como una intención captada sobre un papel granulado o una tela. Es un momento profético, es toda nuestra existencia, todo lo vivido y lo por vivir, todas las épocas simultáneas, sin principio ni fin. Desde cierta distancia yo miro ese dibujo, donde también estoy yo. Soy espectador y protagonista. Estoy en la penumbra, velado por la bruma de un cortinaje traslúcido. Sé que soy yo, pero yo soy también este que observa desde afuera. Conozco lo que siente el hombre pintado sobre esa cama revuelta, en una habitación de vigas oscuras y techos de catedral, donde la escena aparece como el fragmento de una ceremonia antigua. Estoy allí contigo y también aquí, solo, en otro tiempo de la conciencia. En el cuadro la pareja descansa después de hacer el amor, la piel de ambos brilla húmeda. El hombre tiene los ojos cerrados, una mano sobre su pecho y la otra sobre el muslo de ella, en íntima complacidad. Para mí esa visión es recurrente e inmutable, nada cambia, siempre es la misma sonrisa plácida del hombre, la misma languidez de la mujer, los mismos pliegues de las sábanas y rincones sombríos del cuarto, siempre la luz de la lámpara roza los senos y los pómulos de ella en el mismo ángulo y siempre el chal de seda y los cabellos oscuros caen son igual delicadeza.

Cada vez que pienso en ti, así te veo, así nos veo, detenidos para siempre en ese lienzo, invulnerables al deterioro de la mala memoria. Puedo recrearme largamente en esa escena, hasta sentir que entro en el espacio del cuadro y ya no soy el que observa, sino el hombre que yace junto a esa mujer. Entonces se rompe la simétrica quietud de la pintura y escucho nuestras voces muy cercanas.

-Cuéntame un cuento-te digo.
-¿Cómo lo quieres?
-Cuéntame un cuento que no le hayas contado a nadie.

Rolf Carlé
··Cuentos de Eva Luna, Isabel Allende

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